Según los autores de «La ciencia del lenguaje positivo», el lenguaje nos ayuda a gestionar nuestra inteligencia de tal manera, que las palabras determinan nuestro pensamiento e incluso nuestra salud. Por eso, en función del uso que realicemos de unas u otras a diario, podremos llegar al éxito o al fracaso en cualquier ámbito.
Generalmente vemos el mundo a través de nuestras palabras. Cuando llegamos a ser conscientes de ellas, podemos cambiar nuestra perspectiva y aspirar a un estilo de vida mejor. El lenguaje positivo consigue centrar nuestra atención y empeño hacia el lado bueno de las cosas.
8 consejos para usar el lenguaje positivo en el entorno familiar
- Aumentemos y demos visibilidad a las palabras relacionadas con el sentimiento positivo. Por ejemplo, la cocina es el sitio donde pasamos más tiempo. Podemos compartir aquí una buena conversación o algún consejo, mientras hacemos la comida o simplemente tomamos un café. ¿Por qué no dejar a la vista algunas palabras que sabemos que nos hacen sentir bien?.
- Si nos gusta ser detallistas, también podemos probar a sorprender a nuestra familia con mensajes escondidos en su bolso o en su mochila del colegio. Para que estos mensajes cumplan su objetivo, debemos escoger bien sus palabras y el momento de usarlo. Incluso podemos ponerlos en algún lugar donde no lo vayan a encontrar de inmediato, como debajo de la almohada.
- Juguemos a destacar fortalezas, para ir poniendo los cimientos de lo que tenemos que mejorar. Podemos utilizar palabras, cuentos, dibujos, etcétera.
- Hagamos un calendario emocional donde poner en la casilla correspondiente las palabras relacionadas con los sentimientos de ese momento. De esta manera, compartimos todas las emociones y aprendemos a convivir ellas.
- Reduzcamos el uso del verbo «ser», ya que solo provoca prejuicios. Cambiémoslo por «estar», «parecer» o «comportarse», de tal manera que un «eres insoportable» se convierta en «estás insoportable».
- Todos podemos preguntar «¿cómo estás?», pero tenemos que aprender a alejarnos de nuestra opinión personal, callar y sobre todo saber escuchar.
- Aumentemos los «síes» y reduzcamos los «noes». Se trata de destacar las capacidades, los logros y lo agradecimientos. Ademas, hagámoselo notar constantemente de manera pública, directa y sencilla a nuestro seres queridos.
- Démosle a la voz la importancia que se merece. Contarle historias a nuestros hijos antes de dormir les hace más inteligentes, ya que retienen palabras nuevas y aprenden. Por otro lado, llamaremos más su atención, si nuestros relatos hablan de nosotros mismos o de lo cotidiano.
El silencio es dañino y se hereda de padres a hijos.
