Hoy en día disponemos de una gran variedad de productos en el mercado, entre los cuales los alimentos light han cobrado una destacada importancia.
Para que un alimento light sea clasificado como tal, debe cumplir estos dos requisitos:
- Que haya un alimento de referencia, es decir, que exista previamente un alimento no light.
- Que se reduzca como mínimo un 30% del valor energético de ese alimento de referencia.
¿Cómo se consigue la reducción calórica de una alimento? Reduciendo o sustituyendo alguno de sus ingredientes. Por lo general, se disminuye su cantidad de azúcares o se sustituyen éstos por edulcorantes. También se podría reducir su contenido en grasas.
Por tanto, un alimento light no tiene porque ser necesariamente un producto sin calorías, ya que solo se ha reducido un 30% su aporte energético. De este modo, tampoco se podría abusar de estos productos y ni se consideran una opción para perder peso sin esfuerzo.
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Mi consejo es que cuando compréis un alimento de este tipo no os dejéis llevar por lo de light o 0%, sino que prestéis atención a tres aspectos clave:
- Su reducción calórica: en proporción a la cantidad de producto.
- De dónde procede dicha reducción: menos azúcares, grasas, etcétera.
- Y su precio: si se ha encarecido excesivamente.
Por ejemplo, el yogur desnatado sin azúcares añadidos es un buen representante de estos alimentos light. Sin embargo, no lo es tanto el chocolate o las galletas sin azúcares añadidos.
En definitiva, no existen atajos para perder peso. Ya sabemos además que cada caso es único, por lo que el ejercicio guiado y una dieta, o pauta personalizada es la clave de que consigáis dicho objetivo.
Recuerda que lo importante no es sólo el valor calórico, sino también la procedencia de dichos alimentos. Cuanto más «natural», mejor 😉
